La Ruta de la Seda.

ruta

En 2013 el presidente  de la República Popular China , Xi Jinping,  anunció la Iniciativa de la Franja y la Ruta para la Cooperación Internacional. Según sus palabras, “Hace más de dos milenios, las personas diligentes y valientes de Eurasia exploraron y abrieron nuevas vías de intercambio comercial y cultural que unían las principales civilizaciones de Asia, Europa y África, colectivamente llamadas ruta de la seda por generaciones posteriores”.  Este año se realizó el Foro donde participaron líderes de todos los países. OBOR, por sus siglas en inglés, “One belt, one road” (Un cinturón, Una ruta) se basa en el espíritu de las antiguas rutas, es una red transnacional que conecta principalmente a Asia con Europa y África, con el objetivo de promover el desarrollo común entre todos los países involucrados; habrá una ruta marítima paralela, es decir, habrá un cinturón de agua y de metal.

Recuerdo las pesadas caravanas / Y las nubes de polvo en el desierto. (Tamerlán (Borges, 1971)

 

En la Ruta de la Seda (en la ruta imaginada) caben infinitas caravanas. Todavía no terminan de llegar ni acaba de partir la última fila de camellos. Todavía no se completó la carga del último carruaje. Ni del último barco. No nació todavía el último jinete. Todavía no se corta el cordón de seda azul que une los extremos. Dice Borges en el prólogo de Descripción de un Reino: “Marco Polo sabía que lo que imaginan los hombres no es menos real que lo que llaman la realidad”. Los espacios imaginarios y los espacios reales (la geografía) están tejidos entre sí. El viaje es, tanto trasegar la ruta y el polvo como andar por los libros (como anduve yo) en busca de la Torre de Bukhara. Debo seguir buscando, pero cuando la encuentre, cuando lea el texto, no estaré todavía en esa torre.

En el rostro de algunos de los soldados de terracota que guardan el sepulcro de Qin Shi Huang Di, podríamos reconocer, tal vez, al hombre que cabalgó de Xi’an hasta Constantinopla. En algún otro, al soldado que navegó en las caravanas marinas del Océano Índico siguiendo los monzones. China es tan paradójica como la Ruta y la Muralla.

La ancha red del mundo (www) tiene infinitas referencias a la Ruta. Se podría establecer un comienzo dos mil años antes de Cristo y darle una distancia de ocho mil kilómetros; sus diversas rutas comenzaban en Xi’an, China, y pasaban por diversas ciudades hasta llegar a Constantinopla. Las rutas, en sí mismas, no tienen nombre (están). Las de la Seda fueron, antes, la Ruta del Jade, pero nadie sabe si sus contemporáneos la llamaron así o si ni siquiera le dieron una nomenclatura específica. Nadie puede decirnos cuándo emprendieron el viaje los primeros mercaderes. En ese tiempo, creo, sólo sabían que se viajaba hacia el Oeste.

Una ruta de agua y de metal

Los nombres de Xi’an, Samarcanda, el color el sabor y el olor de las viejas ciudades, de los mercados, de la arquitectura, están adentro de la literatura, junto con la caída de Constantinopla. Pero la pulsión por el viaje es perpetua; la presión de las mercaderías, la demanda y la oferta, el determinismo del hombre por llegar (y volver), siempre establecerá la ruta ya sean terrestres, marítimas, aéreas o digitales.

Esta tierra era de Dios.

 

tan

Que esta tierra era de Dios / mi padre me dijo un día

que era de Dios y era mía / y no tenía patrón

dijo no ver la razón de tener miedo que alambren..                                     

  (“Alambrado de veranada” letra de Marcelo Berbel) 

          Cincuenta años atrás Marcelo Berbel sabía, con la sabiduría de los músicos populares, que el alambre llegaría como un tajo a esa tierra de Dios. Sabía que el latifundio se haría cargo de la tierra de Dios y que, además, “suerte que el cielo está encima sino también lo alambraban”.

Américo Vespucio, en 1501, fue el primero en escribir sobre los hombres que después llevarían el gentilicio derivado de Américo (americanos); anotó: “Entre ellos no existe la propiedad privada porque todo es comunal. No tienen fronteras ni reinos ni provincias….”

¿Haría falta decir algo más en una nota para un diario online? La tierra no está parcelada según la cosmovisión de los pueblos originarios (ni siquiera sé si está bien dicho “pueblos originarios” y dudo de la palabra “cosmovisión”).

La tierra es parte del todo. El hombre es con la tierra, está mezclado amalgamado unido involucrado con la tierra. El agua, el árbol, el animal son parte del todo. Leamos la carta del jefe sioux: http://www.paginapopular.net/carta-del-jefe-sioux-seathl-a-franklin-pierce-presidente-de-los-estados-unidos/

Dice Julio Vezub, doctor en historia, investigador del CONICET: “El registro arqueológico y genético identifica la continuidad poblacional a ambos lados de la Cordillera, y muestra la existencia de ancestros mapuches en Neuquén y la Pampa Central desde hace al menos 1000 años de antigüedad.”

Dice también: “En lugar de “gran invasión”, debería hablarse de intensificación de las migraciones, o sedentarización mapuche en las pampas, que fue un proceso previo a 1833. Data de las revoluciones de independencia y el desmoronamiento del Imperio Español, y se refuerza con el acuerdo entre Calfucurá y Rosas que le permitió a ambos un nuevo sistema de control territorial del sur bonaerense apoyado en los lazos parentales preexistentes entre poblaciones pampeanas y cordilleranas de distintas etnias”. El documento que cito es una respuesta de Vezub  a una serie de afirmaciones que realiza un periodista no especializado. Le agradezco que lo haya compartido conmigo. Este es un link donde pueden leer el documento completo: https://1drv.ms/w/s!Art5u8ZzEI2QnlhWoGzvB2z4xwL5

Pero en todo caso, para los que creen que hay indios chilenos e indios argentinos, recordemos que la campaña de Roca no se realizó, precisamente, para expulsar a los “extranjeros” y entregar la tierra a los “indios argentinos”. Enarboló el Remington y no hizo distinción de etnias. De regreso a Buenos Aires, las tierras fueron asignadas a influyentes personalidades, algún general y algún coronel. Los soldados, fueron a parar al bando de los perdedores y los grandes caciques al Museo de La Plata, vivos o muertos.

 

 

 

Don’t cry for me.

Evita editada

En la escuela rural de Paso Roballos las clases eran de septiembre a mayo. No tengo ya a quién preguntarle pero lo más probable es que ese día de julio de 1952 hayamos estado en medio del campo, rodeados de nieve, en el destacamento de Colonia Pellegrini que estaba a unos cien kilómetros de lo que es, ahora, la petrolera ciudad de Las Heras. Tenía siete años y no recuerdo la reacción de mi padre al enterarse de la muerte. De lo que estoy seguro es que lo supo de inmediato porque la red de radiocomunicaciones funcionaba a la perfección. La red la había creado el Gobernador Juan Manuel Gregores (1932-1945) y mantenía comunicado el Territorio en toda su extensión. Donde no había destacamentos, había equipos instalados en las estancias (como “Alma Gaucha”, por ejemplo). De esa época recuerdo las baterías que alimentaban los equipos, el molino de viento Windcharger que las cargaba y el mantenimiento que se hacía con una pipeta milimetrada que absorbía cierta cantidad de ácido y se instilaba en cada compartimiento de las enormes baterías.

Pero faltaban sólo tres años para que papá recibiera por radio otra mala noticia: la caída de Perón. Y esa sí la viví junto a él, que estaba prestando servicio en Cañadón León. Ya tenía la edad suficiente para comprender lo que estaba pasando. En ese tiempo leía muchas historietas (revistas prestadas porque sólo podía comprar el Billiken y con mis propios ingresos de mensajero). Esperé en vano que las fuerzas de Franklin Lucero rescataran al General. Yo tenía sobre Lucero una idea relacionada más bien con el comic. Compartiendo la tristeza de mi viejo, uno a cada lado de la radio a válvulas, me hice peronista.

En 1958 nos fuimos a vivir a Perito Moreno a una casa que compraron con el producto de su sacrificio y el trabajo de dos décadas. Los cuadros, de Él y de Ella, ya nunca dejarían el altillo donde estaban fijados en las paredes de una bow window, mirándose el uno al otro, compartiendo una presencia que se iba a repartir en el amor y el pensamiento del pueblo.

Nuestra generación construyó desde la niñez este amor por Evita sin que ella estuviera presente, con fotos, con el boca a boca, con la palabra de nuestros viejos y de los viejos de otros chicos (como en mi caso Don José Bilardo, o Jalil Hamer), con las tapas de la revista Ahora, o con esa especie de tarjeta postal de reparto clandestino. Nuestro amor se construyó en la clandestinidad, sin medios afines. Nuestro amor también fue Resistencia. A partir de 1955 aprendimos a quererla viendo, por ejemplo, a los viejos “zumbos” de la policía y la gendarmería organizar reuniones secretas (es que en ese tiempo, estos milicos eran peronistas).

La militancia (nuestra militancia) terminó de construir en nosotros la enorme dimensión de su figura, la trascendencia de su entrega y compromiso y a la par, el pueblo realizó su propia elaboración que desbordó todos los límites. No tengo más remedio que regresar a un pequeño artículo que escribí hace mucho y que expresa mi pensamiento inalterable:

“El amor para siempre es una meta inalcanzable para el amor humano, para el amor común, para el amor de todos los días. Muchas mujeres y varones han jurado amor para siempre pero, por alguna razón, no pudieron cumplir con su juramento. El olvido es la forma más frecuente del no-amor.

Pero este amor por Evita se burla del olvido. Crece con el tiempo, cruza los límites, seduce a los directores de cine, a las actrices, a los coleccionistas, a los intelectuales, a los historiadores, escritoras y escritores. Enternece los corazones.

Habría que preguntarse entonces, cuánto hay que amar para ser amado más allá del olvido. Qué clase de amor hay que entregar para traspasar la barrera de la indiferencia, para atravesar el cenagoso territorio donde yacen infinitos amores comunes, afectos, sentimientos tibios que no fueron más allá de

l compromiso corporal, de las declaraciones momentáneas.

Hubo un tiempo en que Evita tuvo que transitar por la misma tierra que pisan las otras personas. Por calles y oficinas, por escenarios, por actos multitudinarios, por barrios y ciudades. En esos tiempos no había más remedio que aceptar que el amor tuviera nombre y apellido. En ese entonces ese amor era argentino y peronista.

Pero, ya no es necesario ser argentino, o ser peronista; ni hace falta haber nacido en la década del cuarenta. Tampoco se requiere ser trabajador, cabecita negra o descamisado; no están excluidos los gorilas, los contreras ni los nacidos últimamente.

Evita vive en un espacio que ya no es de este mundo.”

Tan cuatrereada.

la pampa

“Pobrecita mi tierra, tan cuatrereada / la Cruz del Sur te nombre la Iluminada”, dice Hamlet Lima Quintana. Le duele al poeta tanto estropicio. Es que el cuatrero roba a campo abierto, sin piedad.
Ya no está para corregirme (si hiciera falta) pero creo que hablaba de una tierra lacerada, herida en su identidad, su geografía, su historia. ‘Cuatrereada’ tiene la carga justa de significado.
La “Zanja de Alsina” construida en 1876/77 en el territorio centro y sur de Buenos Aires fue la grieta construida para separar; para consolidar los resultados de las expediciones militares. La puedo ilustrar con otra copla: “A la huella un abuelo, que fue mestizo / le quitaron la tierra, porque la quiso”.

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El país de la Milonga.

Agenda el pais

 

Cada tanto los mensajes llegan a mi correo electrónico, al teléfono, como si una mano mágica apretara un enter sanador en algún lugar ignoto de la super web (lo que sería el cielo o el paraíso de la ancha-mundial-red). Si bien hay un tráfico grande entre la página web, el Facebook, YouTube, nada me sorprende tanto como las comunicaciones directas al email y al celular.

En mayo pasado recibí un correo de Miguel Riquelme, patagónico, que vive en Misiones y que tiene un programa en Radio Provincia (LT17). Los sábados Miguel hace  “El país de la Milonga” un programa  de música y cultura. El territorio de la milonga va desde Rio Grande do Sul hasta la Patagonia. Quedamos en que le enviaría material y que haríamos una entrevista. Así fue.

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