Milonga Baya

En el año 2007 grabé “Milonga Baya” con arreglos de Ismael “Chino” Contreras.
Le dimos ese aire cercano al estilo de Zitarroza porque, a nuestra manera, queríamos reconciliar a Julio Dominguez “El Bardino” con el cantor uruguayo.
Conocíamos la anécdota (confirmada por muchos amigos) de la discusión que hubo entre ambos cuando Zitarrosa visitó La Pampa. El Bardino lo autorizó a grabar Milonga Baya (muy elogiada por Alfredo) pero, con el correr de las horas tuvieron un entredicho fatal: Julio lo invitó a comer un piche asado; Zitarroza no solo se negó sino que le reclamó su falta de compasión.
“La Milonga Baya la vas a grabar si te cagás” le dijo El Bardino y se cruzó de vereda. Y no la grabó.

la pampa

Incluyo un artículo (editado) que apareció en La Nación.

GAUCHOREALICO .- Murió “El Bardino” y costará aceptar que la voz del hombre que se inventó -junto a su hermano Félix- el país de la infancia, no volverá a ser escuchada.

Cierta respetuosidad se escapaba en sus diálogos, aún cuando solía rematarlos con una humorada, mientras llamaba hermano o hermana al interlocutor, quien seguramente era uno de sus tantos amigos.

Se fue el poeta y un dolor profundo y visceral recorrió con sigilo La Pampa. Era lo usual -y lo es todavía- en la inmensidad del oeste provinciano, allá donde había nacido Julio Domínguez, en el desolado pueblo de Algarrobo del Aguila en 1933 (la década de la diáspora pampeana, la de la sequía y el oprobio para sus habitantes), a la vera del río robado.

Sin pisar sus aguas porque fueron tiempos que ya no corría, los islotes pequeños y tupidos que hacían serpentear el húmedo hilo salvador, fueron su pila bautismal.

De las bardas del Atuel -el desnivel natural que provoca el borde oriental de la meseta basáltica, en el oeste- tomó su nombre y fue para siempre “El Bardino”.

“Cuando digo tu nombre mi Comarca/ un resuello animal bulle en mi pecho/ deben ser los que anduvieron el pasado/ caracol leche de mar hace milenios”, le cantó a “su” lugar y hurgó por la historia, entre estilos, zambas, canciones, coplas y cifras, esas que lo llevaron a hacer una ponencia en un congreso en Cuba, y hasta con ritmo de cueca, por la influencia cuyana.

Las voces ancestrales del desierto le hacían brotar en palabras, rostros y gestos y hasta el timbre de su voz se asemejaba a la de aquellos hombres de hablar “cortito” y pausado, pero con un remedo de sabiduría.

Julio hizo todo tipo de trabajo. Desde jovencito, ya radicado en Santa Rosa, junto con su familia, fue lustrabotas, ayudante de zapatero remendón, lavacopas y mozo de bar, oficio que despuntó también en Buenos Aires, cuando intentó en vano seguir la carrera de Oficial de Penitenciaría, allá por 1954.

Ya de regreso, entre cliente y cliente, en papeles diminutos volcaba palabras que fueron versos y trocaron remembranzas en poesía. A mediados de la década del 60, Julio Domínguez se animó a componer sus primeras canciones con una recién estrenada guitarra, porque hacía poco tiempo había empezado a aprender a acariciarla. La hizo su amante y salió de copas con ella, por peñas y encuentros, en la mítica peña literaria El Temple del diablo (por los 70) o en todos los escenarios, como el de Cosquín.

“Volveré, volveré,/ a mi Oeste a cantar,/ y sobre los caminos/ mi acento bardino tal vez quedará;/ como una cruz al poniente/ mi pampa caliente lo recordará”, sostenía en La Chilquita .

Su imagen podía deparar sorpresas. Sus ojos negros y de mirada profunda, se tornaban más de una vez melancólicos por una pena instalada en su alma desde quién sabe cuanto tiempo, que nunca pudo ser atemperada; ni por la música, ni por sus inspiradas letras, ni por la poesía y mucho menos por el orgullo de que sus temas le hubieran dejado de pertenecer para ser de todos sus coterráneos.

Artista reconocido

Fue reconocido y premiado. En una oportunidad, cuando le entregaron un diploma como Pampeano Ilustre, en el recinto de la Legislatura, llegó vestido con un traje color beige, con camisa (sin corbata) y medias de un colorado furioso.

“El Bardino” fue socio fundador de la Asociación Pampeana de Escritores y de Coarte (primera cooperativa pampeana de trabajo artístico). Entre sus obras se destacan La puerta grande (fue la primera), Tríptico para el Oeste, A orillas de Santa Rosa y Comarca .

Solistas y grupos le han grabado sus canciones y la más emblemática, Milonga Baya , que también se canta en las escuelas y es uno de los himnos populares de la provincia, fue coreada por numerosos músicos y escritores cuando despidieron sus restos en la mañana del 12 de febrero pasado, en Santa Rosa.

Julio Domínguez había fallecido la noche anterior después de haber sido intervenido quirúrgicamente. Un mes después una información daba cuenta que el río Atuel ingresaba en la provincia con un caudal de 3,5 metros cúbicos por segundo. Habría pasto en el Oeste.

“En las cuerdas celestes de mi guitarra/ cantaron una vuelta muchas calandrias/ y pasó un viento sur tapando a gatas/ el rastro a Montesinos tras la yeguada./ Una milonga canto para La Pampa/ copla me va llevando por la distancia/ la que pienso y no digo esa es más larga/ es casi un imposible Milonga Baya./ Dicen que las milongas nacen hermanas/ y maman de los pechos de las guitarras/ cuando pasa la noche de madrugada/ los cantores te acunan Milonga Baya./ Una milonga canto para La Pampa/ otra me va llevando por la distancia/ y pasó un viento sur tapando a gatas el rastro a Vairoletto que nadie tapa”.

Con paciencia de orfebre, talló sílaba por sílaba para que el tiempo dibujara una filigrana sobre la desesperanza. Y atesoró el sonido del viento en la lejanía, para no perder la memoria.

Retornó a los orígenes desde el paisaje urbano -donde hubiera celebrado que las cabras, las ovejas y su gente sólo tuvieran que besar el cauce para renacer-, y tuvo presencia fílmica por primera vez en el documental Cochengo Miranda (1975), de Jorge Prelorán. Como entonces, en la infancia bardina. Por eso Julio Domínguez no se acalla; se queda en su canto; enmarañado en las raíces del hueco vegetal que lo cobija y en el recuerdo entrañable del abrazo.

Por Gladys Sago
Para LA NACION

Duelo de titanes

 

duelodetitanes

Muchos caballos quedaron sin jinete

La tarde en que se armó

tremenda tremolina en Tombstone.

Wyatt salió ileso y “Doc”,

apenas un rasguño en el brazo.

 

Mientras esperaba que se hiciera la hora de ir a la Escuela 12, en Perito Moreno, vi “Duelo de titanes” en la casa de mi hermana. El tiroteo en el “O.K. Corral”, Tombstone,  fue  verdadero. Ocurrió el miércoles 26 de octubre de 1881 cerca de las 14.30; ha sido llevado al cine muchas veces. A mí me gusta esta versión, con Burt Lancaster y Kirk Douglas,  y me gusta el título que ha permanecido (incólume) en la memoria de los que aman el western.

Dicen que fueron sólo treinta segundos de balazos. Tres muertos en el bando de los malos y tres heridos en el grupo de Burt Lancaster y Kirk Douglas. Yo conocía la historia real y sabía que los muertos de la película habían muerto en la realidad pero,  en el momento del tiroteo, me di cuenta de que me preocupaba por los caballos que estaban atados a las barandas del corral, asustados por los disparos.  Ante cada acierto de las pistolas, uno de ellos quedaba sin jinete y con la montura puesta.

Uno cree que los caballos no saben.

El caballo sufre una larga incertidumbre desde el momento en que el jinete se baja y lo deja atado. Si entra al boliche ya sabe que la espera será larga. Si lo deja oculto en la noche para realizar una visita furtiva, volverá enseguida (si tiene suerte; en esas visitas nunca se sabe). Si pertenece a un bandido es probable que éste lo haya entrenado para dejarlo “con las riendas arriba”, es decir, se quedará allí donde lo dejen listo para la fuga apresurada.

Para las esperas interminables, para los días y noches sin agua y sin pasto, para el calor de los recados sin quitar, para los que quedan sin dueño en los tiroteos o en las visitas furtivas, para todos existe una salida: “los caballos atados, vuelven a la luna, galope tendido”. (2)

 

1. “Duelo de titanes” Película (1957) Director: John Sturges. Intérpretes: Burt Lancaster, Kirk Douglas,                  Rhonda Fleming, Jo Van Fleet.  http://es.wikipedia.org/wiki/Wyatt_Earp

2. Zamba del Carnaval, Cuchi Leguizamón.

 

 

El viaje más largo

Gato Remitente1

Si mi viejo viviera, hoy tendría 103 años (había nacido en 1911, un año después de que el Cometa Halley “pasara de largo”). La certeza de la destrucción de la Tierra desató una pulsión irresistible; y en esos tiempos conceptivos el boom del año 11 fue tremendo.

En estos días de septiembre voy a comenzar con las presentaciones de la segunda edición de “Patagonia, ficción y realidad”. Septiembre (y abril también) son dos meses evocativos, de brisas de memoria, agua de recuerdos (gotas que quedan pegadas al alambre, se alargan y tardan en caer). Fechas que aparecen en la bruma y que resultan familiares. Aromas que no se despegarán jamás del memorioso olfato. Sonidos registrados en el USB del tímpano, el yunque y el martillo.

Un 6 de septiembre, hace 492 años, la Nao Victoria regresaba a España luego de dar la vuelta al mundo. La región patagónica había ingresado a los mapas con nombre y apellido. Habían visto los gigantes porque necesitaban ver a alguien gigantesco. Navegaron el Estrecho presentido por los geógrafos y cartógrafos desde Tolomeo en adelante y encontraron el modo de llegar hasta las especias navegando siempre hacia occidente. Portugal había intentado sabotear el viaje por todos los medios, pero fue un Almirante portugués quien realizó, en nombre de España, ese viaje paradigmático. Se terminaron las discusiones: la Tierra era redonda.

Dice Galeano en un párrafo que incluyo en esta nueva edición: “Nadie los creía vivos, pero llegaron anoche”. Era el 6 de septiembre de 1522. Hace, casi, quinientos años la Patagonia ingresaba al imaginario del llamado Viejo Mundo. Desde hace cinco siglos todavía Occidente cree que la Patagonia es una tierra de fantasía donde, en algún lugar, está Trapalanda y que en cierta elevación de la meseta los Templarios escondieron un tesoro. Que Hitler se escondió en la Patagonia y que los ricos del mundo están comprando agua y medio ambiente sano (lo cual es cierto).

Un Capitán de Navío inglés asegura que el Almirante chino Hong Bao navegó el Estrecho noventa y ocho años antes que Magallanes.

No sé. Este día de septiembre trata de embarullarme con semillas voladoras y con canto de calandrias. Pero me aferro al recuerdo de mi viejo, y a la llegada de los viajeros que realizaron la primera vuelta al mundo.

El año del caballo de madera

caballoLa tía María –esposa del tío Nolasco, hijo de mi abuela Zoila, hermano mayor de mi madre- hacía caballitos de madera montadas las cuatro patas sobre duelas de barril. La duela es cada una de las tablas curvas que forman un barril.
Los barriles, las bordalesas (o pipas) eran una especie de tambor de madera usado para envasar y transportar líquidos, especialmente, vino. Cuando el barril envejecía, se desarmaba, perdía impermeabilidad y entonces se usaban las tablas y los zunchos. Los zunchos eran fajas de metal para mantener firme el armazón del barril. Se podía hacer un buen cuchillo con el zuncho.

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Breaking Bad / Quimey Neuquén

Arte y Cultura | Columna de Opinión

El arte es capaz de sintetizar el espacio, de establecer una conexión entre lo lejano y lo lejano. El arte acerca. Nada del hombre es ajeno al hombre.
La serie norteamericana Breaking Bad (http://es.wikipedia.org/wiki/Breaking_Bad) tuvo un éxito impresionante en su país, y también aquí en la Argentina. Desde ya, la recomiendo.

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