Bárbaros, bandidos y rebeldes.

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Estos últimos cuatro jueves, el investigador Dr. Hugo Chumbita dio un curso sobre el tema  en el marco de la Cátedra Libre de estudios de Arte, Historia y Sociedad en la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). En el cierre, canté una milonga cuyo autor y compositor es Ángel Hechenleitner, de Carmen de Patagones. La grabamos en Viedma, en el año 2007.

“Milonga por Molina” hace mención a José Molina, quien junto con sus gauchos, fue protagonista principal en la defensa de Carmen de Patagones cuando la Escuadra del Imperio de Brasil intentó tomar ese puerto  (1827). El fracaso de los invasores fue total. Perdieron todo: naves, armas y pertrechos. El comandante Shepherd que conducía la infantería de marina murió también en el combate.
Hechenleitner sostiene que Molina no fue citado en los partes de la defensa de Carmen de Patagones aunque José Juan Biedma lo nombra en su libro sobre el territorio. Ver: <http://www1.rionegro.com.ar/diario/cultural/2008/03/22/11926.php

Hugo Clumbita lo menciona en su libro “Jinetes Rebeldes” y durante su exposición en el curso,  lo citó como Capitán Molina. Allí surgió la idea de cantar la milonga. Conozco datos sobre los últimos diez años de vida de José Molina. En 1820 el Gobernador de Buenos Aires, Martín Rodriguez, allanó la estancia “Miraflores” de Francisco Ramos Mejía. Molina (que era capataz) alcanzó a huir de la matanza y se refugió en las tolderías de indios amigos. Dicen que participó en un malón que arrasó con Dolores. Pero su prestigio de baqueano hizo que, al final, el General Rauch le consiguiera un indulto y lo nombrara como Capitán de Baqueanos de las milicias. Vairoleto buscaba un indulto y Moreira también. No lo consiguieron.

Los planes de invadir Patagones ya eran conocidos pero Buenos Aires (que sufría un bloqueo) no estaba en condiciones de enviar refuerzos. Se dice que José Molina llegó a Patagones enviado por Rauch como único aporte a la defensa. Lo cierto es que a pesar de haber sido un destacado comandante de la victoria, no fue reconocido. Dice Hechenleitner, “la historia es mezquina con los gauchos”; se pregunta qué apellido hay que tener para entrar en “esa lista” (la de los defensores). Por último -y la conozco- pregunta quien eligió a la calle que dura una cuadra donde se homenajea a un tal G. Molina. ¿G. Molina será José Molina? Acá podemos escuchar la milonga:

http://gato-osses.com/milonga-por-molina/

Don’t cry for me.

Evita editada

En la escuela rural de Paso Roballos las clases eran de septiembre a mayo. No tengo ya a quién preguntarle pero lo más probable es que ese día de julio de 1952 hayamos estado en medio del campo, rodeados de nieve, en el destacamento de Colonia Pellegrini que estaba a unos cien kilómetros de lo que es, ahora, la petrolera ciudad de Las Heras. Tenía siete años y no recuerdo la reacción de mi padre al enterarse de la muerte. De lo que estoy seguro es que lo supo de inmediato porque la red de radiocomunicaciones funcionaba a la perfección. La red la había creado el Gobernador Juan Manuel Gregores (1932-1945) y mantenía comunicado el Territorio en toda su extensión. Donde no había destacamentos, había equipos instalados en las estancias (como “Alma Gaucha”, por ejemplo). De esa época recuerdo las baterías que alimentaban los equipos, el molino de viento Windcharger que las cargaba y el mantenimiento que se hacía con una pipeta milimetrada que absorbía cierta cantidad de ácido y se instilaba en cada compartimiento de las enormes baterías.

Pero faltaban sólo tres años para que papá recibiera por radio otra mala noticia: la caída de Perón. Y esa sí la viví junto a él, que estaba prestando servicio en Cañadón León. Ya tenía la edad suficiente para comprender lo que estaba pasando. En ese tiempo leía muchas historietas (revistas prestadas porque sólo podía comprar el Billiken y con mis propios ingresos de mensajero). Esperé en vano que las fuerzas de Franklin Lucero rescataran al General. Yo tenía sobre Lucero una idea relacionada más bien con el comic. Compartiendo la tristeza de mi viejo, uno a cada lado de la radio a válvulas, me hice peronista.

En 1958 nos fuimos a vivir a Perito Moreno a una casa que compraron con el producto de su sacrificio y el trabajo de dos décadas. Los cuadros, de Él y de Ella, ya nunca dejarían el altillo donde estaban fijados en las paredes de una bow window, mirándose el uno al otro, compartiendo una presencia que se iba a repartir en el amor y el pensamiento del pueblo.

Nuestra generación construyó desde la niñez este amor por Evita sin que ella estuviera presente, con fotos, con el boca a boca, con la palabra de nuestros viejos y de los viejos de otros chicos (como en mi caso Don José Bilardo, o Jalil Hamer), con las tapas de la revista Ahora, o con esa especie de tarjeta postal de reparto clandestino. Nuestro amor se construyó en la clandestinidad, sin medios afines. Nuestro amor también fue Resistencia. A partir de 1955 aprendimos a quererla viendo, por ejemplo, a los viejos “zumbos” de la policía y la gendarmería organizar reuniones secretas (es que en ese tiempo, estos milicos eran peronistas).

La militancia (nuestra militancia) terminó de construir en nosotros la enorme dimensión de su figura, la trascendencia de su entrega y compromiso y a la par, el pueblo realizó su propia elaboración que desbordó todos los límites. No tengo más remedio que regresar a un pequeño artículo que escribí hace mucho y que expresa mi pensamiento inalterable:

“El amor para siempre es una meta inalcanzable para el amor humano, para el amor común, para el amor de todos los días. Muchas mujeres y varones han jurado amor para siempre pero, por alguna razón, no pudieron cumplir con su juramento. El olvido es la forma más frecuente del no-amor.

Pero este amor por Evita se burla del olvido. Crece con el tiempo, cruza los límites, seduce a los directores de cine, a las actrices, a los coleccionistas, a los intelectuales, a los historiadores, escritoras y escritores. Enternece los corazones.

Habría que preguntarse entonces, cuánto hay que amar para ser amado más allá del olvido. Qué clase de amor hay que entregar para traspasar la barrera de la indiferencia, para atravesar el cenagoso territorio donde yacen infinitos amores comunes, afectos, sentimientos tibios que no fueron más allá de

l compromiso corporal, de las declaraciones momentáneas.

Hubo un tiempo en que Evita tuvo que transitar por la misma tierra que pisan las otras personas. Por calles y oficinas, por escenarios, por actos multitudinarios, por barrios y ciudades. En esos tiempos no había más remedio que aceptar que el amor tuviera nombre y apellido. En ese entonces ese amor era argentino y peronista.

Pero, ya no es necesario ser argentino, o ser peronista; ni hace falta haber nacido en la década del cuarenta. Tampoco se requiere ser trabajador, cabecita negra o descamisado; no están excluidos los gorilas, los contreras ni los nacidos últimamente.

Evita vive en un espacio que ya no es de este mundo.”

En Nacional Folklórica.

El Gato Ossés y el Cholo Castañón recorrieron la Patagonia en música y recuerdos

Gato-Osses-Cholo-Castanon-Nota - copia

 

http://www.radionacional.com.ar/el-gato-osses-y-el-cholo-castanon-recorrieron-la-patagonia-en musica-y-recuerdos/

 

 

 

 

 

Milonga por Molina

Baión en Fa.

Festival Cueva de las Manos, Perito Moreno, jueves 9 de febrero de 2017.
Videíto obtenido con una iPad (en tres partes). Primera vez en un escenario de este tema con la armónica Hohner en FA. Chino Contreras (guitarra), Roly Mirol (percusión) Sandro Padilla (bajo) Nelson Ortega (acordeón) y Tanya Veloso en coros.

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