Nota “Contraseña” en Arte y Cultura

 

 

http://laopinionaustral.com.ar/diario.asp?Modo=Noticia&NId=75791&texto=&A=2016&M=5&D=18

Entrevista con Elías Chucair (Ing. Jacobacci)

Elías Chucair y Marcelo Berbel

 

 

 

 

 

 

 

Años ’7o. Elías Chucair y Marcelo Berbel.

 

Esta entrevista se realizó en la biblioteca de Elías el 21 de abril de 2016.

Escritor, poeta, recopilador de historias, autor de canciones, Elías cumplirá, este 25 de mayo, sus 90 años. Nació en Jacobacci. Me contó que tiene seis novelas en preparación además de otros proyectos. Atiende su negocio todos los días, mañana y tarde. Cierra y luego de unacena frugal, viene hasta la biblioteca y permanece en este mundo de libros y papeles hasta que siente sueño. No usa computadora, tiene una máquina de escribir que no destapé pero, seguro, debe ser una Olivetti.

Aquí está la charla, en dos partes.

https://www.youtube.com/watch?v=DlR7igOzVKk

https://www.youtube.com/watch?v=a6WQFr0CZJo

El hombre común.

 

No voy a hablar, justo hoy, de “panamá papers” de “cuentas off shore” de fuga de divisas, de evasión de impuestos, de pagos en negro, de especulación, inflación, cadena de precios, de dólar futuro. No.

Hablo del hombre común.

Hablo del hombre y de las mujeres.

De a pie, contra el viento, en una ciudad patagónica a las tres de la madrugada.  De a caballo contra el viento a las seis de la mañana. Al de a caballo y arreando. De Don Vera en bicicleta con los pantalones adentro de las medias. Del grandote pintón con los borcegos desatados, moderno overol y campera de abrigo.

De los que viajan arriba del camión, de los que salen de noche y vuelven de noche. De los treinta días y las treinta noches de una marea de pesca. O te hago rebaja y te las dejo en veinte y veinte. De subirse al colectivo sin dormir a raíz de una noche de farra, de amor, de asado, de juego.

Hablo de guinches, grúas, camiones mineros (diferentes tipos de camiones). Colectivos. Terminales. De los que salen a enseñar.

Pienso y me aparecen soldadores, soldadores de alta en gasoductos oleoductos (grandes ductos). En el pasado: los alambradores que alambraron la Patagonia pasando por encima de los cerros, acarreando los rollos de alambre y las varillas y los postes en pilchero. Peones, esquiladores. La gente de vialidad. Los poceros. Los eléctricos de 40000, 10000 y 1000 y los otros eléctricos. Los mecánicos. Panaderos.

Y el cajero (el de carne y hueso), los diferentes tipos de oficinistas, y los de los diarios, de las radios, de la televisión, reporteros noteros fotógrafos camarógrafos. Laboratorios, mesas de dibujo, tornos, aparatos de medición.

No importa si tiene un hacha, un papel, una paloma, un cuaderno, una herramienta (o tiene las manos solas).

Hablo de tablones, bloques, cemento, mezcladora, de pintura, de escaleras. De carpinteros madereros y metálicos.

Hablo del hombre común (simple barro con aliento).

Ese que nada tiene que ver con las palabras del primer párrafo.

 

 

Islas Malvinas

 

islas

 

Que nadie se olvide, hoy, de lo verdadero.

El tiempo (que lo erosiona todo) lima lentamente el filo de la memoria de los individuos. Pero, la memoria colectiva está blindada, no se arruga. Por eso Malvinas es una palabra maestra, una combinación indescifrable para el Hacker.

Hay palabras que “nonpalidecen”. Datos de la historia española, francesa, Lord Anson,  Luis Vernet, la India María, la Lexington, el Gaucho Rivero (todas estas palabras) pueden desaparecer. Pero Islas Malvinas no van a desaparecer. Todo lo que significa, la trascendencia de ese nombre, es inmarchitable.

El heroísmo permanece, porque no es héroe quien quiere sino quien puede.

La Batalla del paso de las Termópilas (480 AC) donde 300 espartanos se enfrentaron al ejército de Jerges será más recordada que toda la campaña del rey persa.

Inglaterra realizó muchas campañas.

El pueblo no olvidará las Malvinas.

 

 

Aquí va el link de otra nota sobre el mismo tema:

http://www.tiemposur.com.ar/nota/106226-malvinas-si-ellos-callaran-hasta-las-piedras-gritarian-lucas

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Foto de arteide.org 

 

 

 

Un chico de mi pueblo, compañero de juegos, tenía la particularidad de llamarse Omar, Omar Álvarez.  Digo “particularidad” porque en realidad se llamaba Domingo Brito (nombre que usa hasta hoy aunque de vez en cuando alguno le dice Omar).

En tiempo de niñez-adolescencia no tuve apodos. Eso sí, me decían Hétor. Después fui El Negro mucho tiempo, fui Ossés a secas y, por último Gato (para siempre). Nunca supe por qué me quedó el sobrenombre de Gato. En estos últimos años todavía me suena una alerta cuando dicen Mao porque durante ocho meses elegí ese nombre para vivir en China.

Trabajé mucho tiempo en el sector Personal de una gran empresa. En esos listados encontré nombres tan contundentes como un apodo: por ejemplo, Don Eudocio Catalino Antonio de la Colina, un hombre gaucho de la provincia de Buenos Aires y Don Carmen Loray otro criollo enorme pero con nombre de mujer. Tal vez, su madre haya sido devota de la Virgen del Carmen.

¿Llevar un sobrenombre, es llevar una máscara?

             El origen de la máscara se remonta al principio de los tiempos, se pierde en la más remota antigüedad. Desde el perío­do paleolítico el hombre la ha utilizado en relación con los cultos religiosos. El uso de la máscara en el contexto ritual crea una dinámica que permite la transformación de la identidad. La condición ambigua de la máscara hace que tanto el personaje de la máscara como el individuo que la porta no se excluyan el uno al otro. No se anulan. La máscara es mediadora entre categorías opuestas y tiene la doble función de “mostrar” y “ocultar” pero contribuye a tergiversar la realidad. Intermedia entre el mundo de los dioses y el mundo de los hombres. En el contexto ritual son creadoras de orden en contraposición al caos.

Tal vez el apodo sirva (como una máscara) de conexión entre el mundo real y el mundo de las apariencias. Es un salvoconducto para atravesar las líneas siempre inestables de la realidad. Muchas veces pienso que podríamos establecer el perfil de un individuo cualquiera si tuviéramos acceso a todas sus credenciales de internet. Vestirse de mujer (siendo hombre) para satisfacer reclamos de la personalidad es también utilizar una mediación entre el mundo real y el género deseado.

Pero en otros ámbitos, se califica de “travestismo” a quienes mutan con el solo fin de maquillar alguna adhesión espuria, para fingir un encuadramiento de última hora, los que se dan vuelta la camiseta y tienen ya la inscripción exigida. La careta no es lo mismo que la máscara.

De todas maneras el sobrenombre, el nickname (esa máscara en definitiva) solo sirve para los otros, para ellos, para aquellos. Cuando el individuo se enfrenta en el espejo con su rostro verdadero no se piensa como ninguno de sus apodos, por más sólidos que sean. Cuando está consigo mismo, cuando se piensa, se interroga, se increpa, cuando el sujeto hunde el escalpelo para reflexionar sobre su propia condición, en ese secretísimo momento, Es el que Es, el único, el portador del nombre inalterable que le dio su madre.

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