Solsticio de invierno (21 de junio de 2015)

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Ayer, en la desconocida Beccar, salí a la calle justo cuando la oscuridad estaba llegando. Subí al auto y (máquina y cuerpo) fuimos entrando en una telaraña de sombras, en un agua de aire que lo inundaba todo. Me dije: aquí el WeTripantu, el Inti Raymi. Por lo menos una vez en la vida lo siento en mi universo, mi universo limitado de hombre consciente.

El Nadador

Foto de arteide.org

Así era él en ese tiempo mágico donde todo fue maravilloso; aquel tiempo que todos vivimos, un período -a veces breve- donde todo estuvo bien, en armonía. Cada uno lleva a cuestas su propio paraíso perdido. Adán y Eva son la gran metáfora de ese amor que tuvimos una sola vez en un tiempo y un espacio irrecuperables. Tal vez la frustración cotidiana sea ésa, la imposibilidad de poner en escena aquel tiempo fantástico donde todo estaba bien.
Algunos nostálgicos perpetuos de la juventud ubican ese paraíso en el tiempo en que tenían fuerza, resistencia, pelo y poca grasa, cuando eran héroes. Pero esa suele ser una nostalgia artificial, creada por la necesidad consciente del recordador para justificar cierto cinismo.

A mí me parece que si alguien alguna vez poseyó el paraíso, tuvo que ser en la niñez, cuando todo era original, novedoso; cuando los padres eran esa capa de ozono que nos protegía del mundo, esos viejos que casi todos los chicos han tenido alguna vez. Casi todos los chicos.

Fotos Gato Ossés 2014/2016

GatoBariloche2007Gato PM 1

CdeP4Gato Afiche PT Gato Jacobacci 2016 2Gato Público Festival Gato PM 2015en la boca (canaletas paralelas no perpendiculares), 2007 Flyer de Patagónicos
gatoferia-libro-2008

La chupilca de El Mugre

ChupilcaEl Mugre estaba manguereando la mezcladora; le quitaba los restos hipnotizado por la fuerza del chorro que licuaba la mezcla y dejaba limpita la superficie metálica. Era una mezcladora chica, de ciento veinte litros. Recién habían terminado la losa. Así que, mientras estaba concentrado en ese chorro concentrador de asociaciones, los muchachos se iban yendo: “Chau Mugre”, “Chau, Tamañana, Novemo”.
Como se acostumbraba en el Sur, cuando llega el momento de hacer la losa, amigos y vecinos vienen a trabajar de onda. La cuestión es terminarla en un día. La losa es un asunto cooperativo, un ítem barrial establecido tal vez por los inmigrantes chilenos y sus tradiciones de “tiradura” de casas y albañilería solidaria.
El Mugre pensó en que tenía que hacer un asado para agradecer el trabajo de los vecinos. Ese ofrecimiento era parte de la liturgia constructora. Tenía que hacerse en la misma obra, entre pedregullo, alambres, arena, tambores y tablones (la escenografía requerida para un final de losa). Tenía la mezcladora con la boca hacia abajo, en diagonal. La levantó y vio que había quedado completamente limpia. Mientras la guardaba en la casilla pensó en el asado del día siguiente y  consideró la posibilidad de hacer una chupilca. “Puta, me hago una chupilca –se dijo El Mugre”.
Chupilca es una bebida alcohólica originaria del sur de Chile, que es el resultado de la mezcla entre vino tinto y harina tostada. También se le puede agregar azúcar y acepta, en general, varias recetas. Es consumida principalmente en tiempos de fiestas patrias, y sin duda era apropiada para un final de losa. Se dice que para la Guerra del Pacífico, los soldados chilenos preparaban para las batallas una bebida conocida como la Chupilca del diablo, a la cual le atribuían poderes mágicos y aumentaba su agresividad. La Chupilca del diablo llevaba también aguardiente y pólvora, tal como le echan un poco de pólvora al vino los pirquineros de las alturas de Catamarca y de La Rioja.
A la tarde del otro día mientras se empezaba a hacer el asado e iban llegando los colaboradores (unos diez o doce), El Mugre se fue hasta el supermercado a hacer unas compras con la F100 destartalada. Compró tres packs de termidor tinto, cinco kilos de harina tostada y dos kilos de azúcar. Salió del super y pasó por la estación de servicio: ahí compró varias bolsas de rolitos. Llegó triunfante a la obra. Tenía una idea genial.
“¡Muchachos – dijo El Mugre- vamos a hacer una súper chupilca!”
Cuando los muchachos vieron todos los termidores preguntaron: “¿Dóooonde?”
“En la mezcladora, respondió El Mugre, alucinado”. Y empezó a abrir termidores y echarlos en el recipiente. Otros ayudaron, así que enseguida estaban los treinta litros adentro. El Mugre le echó los cinco kilos de harina tostada, los dos kilos de azúcar y tres bolsas de rolito.
“Dale, enchufala –le dijo El Mugre a su ayudante-”. Y la mezcladora empezó a andar a su velocidad cansina, con su memoria de pedregullo, cemento y cal. El Mugre miraba como todo se iba mezclando y subía a la superficie una espuma alegre, redentora del cansancio.
Nadie olvidó jamás esa chupilca.

Festival “Cueva de las manos”

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Celebra la cercanía de los cañadones milenarios, de los frisos,  donde hay manos pintadas, guanacos, hombres y avestruces en escenas de caza. Aquellos hombres no están, pero su rastro queda entre altas paredes de piedra y en las viejas cavernas. Cantar aquí siempre significa dos regresos : al escenario y a Perito Moreno, donde nací y donde –seguro- mi primer sonido fue un llanto.Y canté “Loco Suárez”.

Gato PM 2015Gato Público Festival

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