Una cuestión de actitud

Clarín. Espectáculos. 15 de enero de 2002

Una cuestión de actitud. EL FOLCLORE FIJA COMPROMISO

En una temporada de festivales marcada por el éxito de Resistiendo, el tema de Teresa Parodi cantado por Los Nocheros, el folclore testimonial renueva fuerzas con otra generación de autores e intérpretes.

IRENE AMUCHASTEGU

En la subasta se llevaron todo/Enajenando nuestro corazón/Se repartieron hasta lo imposible/Pero no pueden con nuestra canción”. Cuesta imaginar algo que se parezca menos a un burbujeante hit de verano, en forma y contenido, que los versos de la canción Resistiendo, escrita por Teresa Parodi.

“Si lo hubiéramos sacado ahora seríamos unos demagogos porque, no quiero remarcar lo obvio, pero ese ”no pueden con nuestra canción” se parece al cacerolazo”, dice el Nochero Kike Teruel acerca del tema, que grabaron en el disco Señal de amor y, transformado en un himno, marca algunos de los puntos de mayor vehemencia de los festivales de esta temporada. Aunque Teruel aclara insistentemente: “La gente no nos ve parados en una tribuna política: Los Nocheros no tenemos esa cara, no tenemos ese perfil y no tendríamos la sinvergüenza de hacerlo. No pretendemos erigirnos en portavoces, nosotros nos ponemos en el cuero de Los Nocheros y nada más. ¿Compromiso? Sí, estamos muy comprometidos con nuestro trabajo. Y cuando grabamosResistiendo pensamos en la necesidad de decir ”no van a derrotar nuestra canción, por más que nos peguen”, por nosotros cuatro y por la gente que nos sigue.”

Grabada por los salteños-record (el disco Señal de amor lleva vendidas 230 mil copias), la canción de Parodi se transformó en un variante masiva de la llamada canción social —en referencia a su compromiso testimonial—, que hoy tiene una significativa y creciente presencia en las bateas, con expresiones radicalmente distantes del estilo del cuarteto Nochero.

Una mirada al sur (Eduardo Guajardo), Circo criollo (Raly Barrionuevo), Flores y ayuno(Claudio Sosa), son algunos de los títulos de una nueva generación de artistas de nítido perfil testimonial, en algunos casos no tan nuevos como recientemente conocidos a nivel nacional.

En la memoria adolescente de Raly Barrionuevo —uno de los protagonistas de la edición 2002 de Jesús María— quedaron marcadas la primera vez que escuchó Aquellos soldaditos de plomo de Víctor Heredia, la llegada a su pueblo de Frías de León Gieco con De Ushuaia a la Quiaca, las tertulias familiares con discos de Alfredo Zitarrosa: “Con él entendí la alquimia de la protesta y lo folclórico”, explica. Y agrega: “A Peteco (Carabajal) por ser santiagueño, lo conocía desde siempre. Pero lo redescubrí cuando viene con Jacinto Piedra. Fueron muy importantes para mí. Lo que más me volaba la cabeza era que con chacareras, gatos y zambas podían hablar de muchas cosas, no sólo del algarrobo y el mistol.” Chacarera del exilioSomos nosotros (“Somos disidentes/de la puta corrupción”), Hasta siempre (dedicado al Che Guevara) forman parte de un repertorio en el que Barrionuevo reconoce una misión: “Como artistas debemos dar testimonio en momentos difíciles. No quiero hacer la chacarera del cacerolazo, pero sí siento el compromiso de dar testimonio sin hacer demagogia”.

“La canción social ha estado siempre, aun en pequeños grupos de resistencia. Lo que oscila es el mercado: para las discográficas el folclore empieza cuando empieza el éxito”, analiza Eduardo Guajardo, autor de Que va a pasar un obreroPeón de nadieLa Redomona (“Cuando el trabajo es arisco/es el hombre quien se amansa”). “Yo prefiero adherir a la teoría de Atahualpa —vertebral en esto del canto argentino—, cuando decía que hay cantores que cantan dos zambas, una chacarera y una canción de protesta y dicen traer su mensaje. Como decía Yupanqui, mensaje es Tagore, Cristo, Andrés Chazarreta, que con toda una vida dedicada a la investigación jamás dijo ”traigo un mensaje””.

Mercedes Sosa, Jaime Lima Quintana, el Gato Ossés, son algunos de los referentes que menciona Guajardo, nacido hace 34 años en Río Turbio, hijo de un trabajador minero que murió a los 25 en un derrumbe. “Hay mucha gente que está luchando por ser trasfoguero de ese folclore, por seguir ese tremendo legado del Nuevo Cancionero. Una canción no va a cambiar la realidad política pero puede ayudar en ese proceso, como también puede ir en desmedro, como es el caso de la explotación de un ritmo tan bello como el de la cumbia, que se empleó en versiones de muy baja catadura para aturdir en la década menemista.”

Así como Claudio Sosa fue a cantar los temas de su Flores y ayuno (varias de las canciones fueron escritas por Duende Garnica, otro de los autores que tomaron la posta) a los cortes de La Matanza, Eduardo Guajardo cuenta honrado: “Los compañeros me han hecho el honor de transformar Que va a pasar un obrero en un himno de los trabajadores que se utiliza mucho en marchas y tomas de tierra. Me hace sentir orgulloso de pertenecer al canto popular.”

Ni retraída ni aletargada, es probable que a la canción social apenas le bastase, para volverse más visible y audible, que comenzara a adivinarse un quiebre de las hegemonías. Y a palpitarse el inicio, en el folclore, de una era post-pop.

fuente: http://www.clarin.com/diario/2002/01/15/c-00601.htm+%22gato-osses%